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miércoles, 3 de junio de 2009

El Cantábrico ha pasado por siete cambios climáticos en 41.000 años

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS) -
Los restos fósiles de roedores e insectívoros del yacimiento de la cueva de El Mirón (Cantabria) han permitido determinar las condiciones climáticas de este territorio desde el Pleistoceno final hasta la actualidad.
En total, los investigadores han delimitado siete cambios climáticos: unas veces ha dominado el frío glacial y otras, el calor.
En 1996, un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) comenzó el muestreo paleontológico en la cueva de El Mirón. Desde entonces, se han dedicado a analizar los restos fósiles de huesos y dientes de pequeños vertebrados (en la imagen) que vivieron en la región cántabra desde hace 41.000 años, al final del Cuaternario. Dada la riqueza, alta diversidad y buena conservación de los fósiles, los investigadores han podido hacer un análisis paleoclimático que ha publicado recientemente el Journal of Archaeological Science.
"Durante seis meses hicimos todo tipo de análisis estadísticos en la Universidad de Nuevo México: cerca de 100.000 restos analizados, de los cuales unos 4.000 fueron identificados de forma específica, con especies y número de individuos por cada nivel estratigráfico", señala a SINC Gloria Cuenca-Bescós, autora principal del trabajo e investigadora del Área de Paleontología-IUCA de la UNIZAR.
El resultado es un estudio sobre el clima inferido a partir de las asociaciones fósiles de pequeños mamíferos cuyos restos se encuentran en El Mirón desde hace unos 41.000 años. Las asociaciones fósiles de pequeños mamíferos reflejan la composición contemporánea de la fauna cercana a la cueva, y han permitido hacer la reconstrucción paleoclimatológica y paleoambiental de su entorno, informa el SINC.
La investigación determina que hubo siete etapas frío-cálidas en la cornisa cantábrica en los últimos 41.000 años. Lo corrobora el análisis, realizado por otros autores, de datos de polen, de la estratigrafía isotópica marina y de los materiales arrastrados por los glaciares.
Según el estudio, en la cueva de El Mirón hubo cuatro periodos fríos inestables, dos más estables, y un periodo de clima temperado. Los científicos dudan de la delimitación del séptimo y último periodo, ya que "podría corresponder a la Edad de Bronce, la Edad de Hielo o al inicio de la expansión agrícola por parte del ser humano, que seguramente interfirió con los animales salvajes en las inmediaciones de las cuevas".
Sin embargo, durante las épocas anteriores, al final del Pleistoceno superior, el trabajo demuestra que en los períodos fríos predominaban roedores e insectívoros bien adaptados a paisajes desprovistos de vegetación. "Cuando, al final de la última pulsación fría del Pleistoceno superior, la llamada Dryas III, las condiciones climáticas se volvieron mas benignas, los roedores e insectívoros de bosque prosperaron y se hicieron más abundantes en las asociaciones", comenta Cuenca-Bescós. Ahora sabemos que la rata topera o rata de agua nórdica (Arvicola terrestris) dominó en este periodo.
Según la investigadora, sólo al final del Holoceno, cuando las actividades del ser humano empiezan a modificar el paisaje, se percibe la deforestación provocada por los asentamientos permanentes y la agricultura, y las especies de lindes de bosque dejan de dominar el espacio, "a pesar de que el clima sigue siendo favorable a este tipo de organismos".
El análisis también ha demostrado que hace alrededor de 10.000 años se extinguieron la mayoría de los taxones del Pleistoceno, y "algunas especies adaptadas al frío, que consiguieron sobrevivir, se desplazaron al norte de Europa y abandonaron nuestras latitudes más templadas", concluye la científica.

El Cantábrico ha pasado por siete cambios climáticos en 41.000 años

MADRID, 3 Jun. (EUROPA PRESS) -
Los restos fósiles de roedores e insectívoros del yacimiento de la cueva de El Mirón (Cantabria) han permitido determinar las condiciones climáticas de este territorio desde el Pleistoceno final hasta la actualidad.
En total, los investigadores han delimitado siete cambios climáticos: unas veces ha dominado el frío glacial y otras, el calor.
En 1996, un equipo internacional de científicos liderado por la Universidad de Zaragoza (UNIZAR) comenzó el muestreo paleontológico en la cueva de El Mirón. Desde entonces, se han dedicado a analizar los restos fósiles de huesos y dientes de pequeños vertebrados (en la imagen) que vivieron en la región cántabra desde hace 41.000 años, al final del Cuaternario. Dada la riqueza, alta diversidad y buena conservación de los fósiles, los investigadores han podido hacer un análisis paleoclimático que ha publicado recientemente el Journal of Archaeological Science.
"Durante seis meses hicimos todo tipo de análisis estadísticos en la Universidad de Nuevo México: cerca de 100.000 restos analizados, de los cuales unos 4.000 fueron identificados de forma específica, con especies y número de individuos por cada nivel estratigráfico", señala a SINC Gloria Cuenca-Bescós, autora principal del trabajo e investigadora del Área de Paleontología-IUCA de la UNIZAR.
El resultado es un estudio sobre el clima inferido a partir de las asociaciones fósiles de pequeños mamíferos cuyos restos se encuentran en El Mirón desde hace unos 41.000 años. Las asociaciones fósiles de pequeños mamíferos reflejan la composición contemporánea de la fauna cercana a la cueva, y han permitido hacer la reconstrucción paleoclimatológica y paleoambiental de su entorno, informa el SINC.
La investigación determina que hubo siete etapas frío-cálidas en la cornisa cantábrica en los últimos 41.000 años. Lo corrobora el análisis, realizado por otros autores, de datos de polen, de la estratigrafía isotópica marina y de los materiales arrastrados por los glaciares.
Según el estudio, en la cueva de El Mirón hubo cuatro periodos fríos inestables, dos más estables, y un periodo de clima temperado. Los científicos dudan de la delimitación del séptimo y último periodo, ya que "podría corresponder a la Edad de Bronce, la Edad de Hielo o al inicio de la expansión agrícola por parte del ser humano, que seguramente interfirió con los animales salvajes en las inmediaciones de las cuevas".
Sin embargo, durante las épocas anteriores, al final del Pleistoceno superior, el trabajo demuestra que en los períodos fríos predominaban roedores e insectívoros bien adaptados a paisajes desprovistos de vegetación. "Cuando, al final de la última pulsación fría del Pleistoceno superior, la llamada Dryas III, las condiciones climáticas se volvieron mas benignas, los roedores e insectívoros de bosque prosperaron y se hicieron más abundantes en las asociaciones", comenta Cuenca-Bescós. Ahora sabemos que la rata topera o rata de agua nórdica (Arvicola terrestris) dominó en este periodo.
Según la investigadora, sólo al final del Holoceno, cuando las actividades del ser humano empiezan a modificar el paisaje, se percibe la deforestación provocada por los asentamientos permanentes y la agricultura, y las especies de lindes de bosque dejan de dominar el espacio, "a pesar de que el clima sigue siendo favorable a este tipo de organismos".
El análisis también ha demostrado que hace alrededor de 10.000 años se extinguieron la mayoría de los taxones del Pleistoceno, y "algunas especies adaptadas al frío, que consiguieron sobrevivir, se desplazaron al norte de Europa y abandonaron nuestras latitudes más templadas", concluye la científica.

martes, 19 de mayo de 2009

Tras las huellas de los dinosaurios

Un grupo de paleontólogos trabaja junto a los restos de un dinosaurio Saurópodo en Morella (Castellón). EFE
Un estudio permitirá conocer, a través de sus huellas, los movimientos de los dinosaurios que habitaron la Península Ibérica hace millones de años.
EFE / La Opinión
Científicos del Instituto Catalán de Paleontología (ICP) y de la Universidad de Manchester están desarrollando un proyecto que permitirá conocer, a través las huellas de los dinosaurios, los movimientos de estos animales, que habitaron la Península Ibérica hace millones de años.
El proyecto, que se desarrolla de manera conjunta en colaboración entre las dos instituciones, lo han presentado en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) científicos de ambas entidades. Se trata de un estudio que permite dar a conocer y registrar las huellas que los dinosaurios dejaron sobre la tierra hace millones de años, y para hacerlo se han escogido zonas donde la presencia de estos animales prehistóricos se ha hecho evidente a partir de los hallazgos efectuados a lo largo de los últimos años.
Para ello, se han cubierto las zonas candidatas a ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en España y Portugal, como son Pedra da Mua, Galinha y Vale de Meios, en Portugal, y El Frontal, Era del Peladillo y Los Cayos, Las Cerradicas y Tereñes, en España.
El estudio se ha elaborado gracias a una nueva tecnología denominada LiDAR que permite obtener imágenes en tres dimensiones y con una alta calidad de percepción de la superficie de una área determinada.
Se trata de un sistema de cartografía digital que escanea el terreno en tres dimensiones, frente a los antiguos sistemas, que se basaban en fotografías, dibujos o esquemas, todos ellos en dos dimensiones, que no aportaban más datos que los observables a simple vista.
"Esto nos permite ver las huellas de los dinosaurios en tres dimensiones, calcular y medir parámetros como por ejemplo la profundidad o los ángulos existentes entre los dedos", ha explicado Bernat Vilà, miembro del Instituto Catalán de Paleontología.
Los primeros estudios que desarrollaron conjuntamente con la Universidad de Manchester fueron en el yacimiento de Fumanyà, en la comarca barcelonesa del Berguedà, que ya empezaron en el 2005 a trabajar codo a codo en la investigación de estos prehistóricos animales.
Gracias a la tecnología que brinda LiDAR, se obtienen modelos tridimensionales del terreno con una resolución que permite obtener una exactitud milimétrica de alta precisión y hacer estudios morfológicos de las pisadas.
"La información que nos ofrecen estas pisadas es muy importante para dar explicación a los movimientos de un esqueleto e imaginar cómo era cuando estaba vivo", ha manifestado Phill Manning, miembro de la Universidad de Manchester.
En este sentido, obtener la información de las huellas y poseer el esqueleto de la misma especie permite reconstruir el movimiento del animal, a la vez que encajar huesos y pisadas a partir de su peso al andar.
A partir de la pisada se puede determinar el movimiento del dinosaurio, hacia dónde cargaba el peso, la masa muscular y las dimensiones del animal, pero también si se movía en solitario o en manada.
"El sistema nos da información en cuanto a calidad, cantidad y diversidad", explica Manning, que destaca el gran valor que tiene la Península para poder estudiar el paso de los dinosaurios en la historia, desde su aparición hasta su extinción.
La obtención de estos datos, que estarán al alcance de los paleontólogos para su estudio y aplicación, permitirá además que no queden borrados con el paso del tiempo y por las inclemencias meteorológicas, "las mismas que han permitido que la tierra se erosione y lleguen a nuestros días", detalla Manning.