lunes, 25 de enero de 2010

EE UU se cuadra ante Naciones Unidas


25.01.10 - 00:18 -
MERCEDES GALLEGO ENVIADA ESPECIAL PUERTO PRÍNCIPE./ La Verdad
El general Keen rechaza las suspicacias por el despliegue de soldados y asegura que éstos permanecerán mientras se necesite su ayuda
El Ejército norteamericano escenifica en un reparto de comida su coordinación con la ONU en Haití

Llegaron caminando hombro con hombro a repartir comida en el barrio más peligroso de Puerto Príncipe, decididos con este gesto a rubricar el nuevo orden mundial para Haití que sus autoridades civiles habían firmado la víspera: EE UU no manda en Haití, sino que ha venido a apoyar la misión humanitaria de la ONU. Ambos responden ante el Gobierno haitiano, que intenta no perder su soberanía con el terremoto del pasado día 12.
Paradójicamente, la operación de imagen acabó en tumulto y gases lacrimógenos tan pronto como los dos generales que más mandan en Haití subieron a sus vehículos. En uno, con bandera brasileña, el general Floriano Peixoto, que comanda las fuerzas de la Misión de la ONU en Haití (Minustah). En el otro, el general lugarteniente Ken Keen, al mando de las fuerzas estadounidenses. Y detrás, la impresionante escolta de cascos azules y la 82 división de paracaidistas estadounidenses, que no se percataron del tumulto que se formaba a sus espaldas entre los que les veían marchar sin recibir agua ni comida, tras horas a las afueras del solar del orfanato de Jesús de Brooklyn donde se distribuyó. Fueron los cascos azules brasileños, que controlan el conflictivo gueto de Cite Soleil, los que tuvieron que recurrir a la fuerza para dispersar a los contrariados que la habían emprendido a gritos y empujones.
Un pequeño contratiempo fuera de guión que no llegó a empañar ante las cámaras de televisión el mensaje de que Haití no es Irak, ni Barack Obama es George W. Bush. Para quien piense que los estadounidenses han llegado a tomar el control de las operaciones internacionales y poner orden, el general Keen tiene una respuesta muy directa: «¡Eso es ridículo!».
Es esa idea, reflejada la semana pasada en las portadas de la prensa internacional, la que ha desatado suspicacias entre los militares de 17 países que forman parte de la Minustah. En corrillos, el sábado uniformados argentinos y peruanos ponían los puntos sobre las íes: «Acordaros, los americanos nos apoyan, pero somos nosotros los que mandamos en nuestro sector», le decía uno a sus hombres.
El general Peixoto salta con un respingo cuando le preguntan por las tensiones que manifiestan en privado los cascos azules. «Yo soy el único que habla en nombre de la familia Minustah porque estoy al mando», defiende. «Esta es una relación muy productiva donde el papel de cada parte está determinado por un protocolo firmado conjuntamente. Estamos desarrollando la mejor relación posible, apoyamos nuestros esfuerzos mutuos». El general Keen sigue el guión y reafirma las palabras de su colega. «Esta misión de asistencia humanitaria no se podría hacer sin la Minustah. No sabríamos ni por dónde empezar a ocuparnos de las necesidades».
Entre Cuba y Venezuela
Pronto las fuerzas de EE UU superarán en número a los 7.000 hombres de la ONU, que durante los últimos cinco años ha sido el único ejército de Haití. El repentino desembarco de 3.500 estadounidenses con 10.000 más de camino en los portaviones no sólo provoca tensiones entre los militares de la Minustah, sino suspicacias entre los haitianos y un torrente de teorías conspiratorias. Que si llevan años intentando instalar una base en Isla de la Tortuga o la Isla de Vaca, que si están haciendo prácticas sobre cómo desembarcarían en Cuba cuando muera Fidel Castro, que si quieren anexionarse Haití&hellip El general Keen permanece impasible cuando esta reportera le deletreó esas conjuras detrás de un camión, atrapado por un reguero de aguas negras y una fila de hambrientos. Las desmiente sin pasión, y al recordársele el interés estratégico de su país por la isla caribeña, a medio camino entre Cuba y Venezuela, vuelve a su mensaje del día: «Nosotros estamos aquí a invitación del presidente Preval y del Gobierno haitiano. Nuestro foco inmediato es proporcionar asistencia humanitaria. Esa es mi misión y estoy concentrado en ella».
-¿Cuánto tiempo se quedarán?
-Mientras nos necesiten y requieran nuestra asistencia. La ONU lleva años aquí y creo que su presencia ha resultado claramente estabilizadora. Nosotros estamos aquí para apoyarles y trabajar como socios.
-Pero el Ejército de EE UU no está acostumbrado a subordinarse a otras autoridades.
-No estamos subordinados, esto es una sociedad. No es cuestión de quién manda o está en control, sino de unir esfuerzos.
-¿Entonces qué pretendían la semana pasada cuando hicieron ese espectacular despliegue con los Black Hawk (helicópteros) en el Palacio Presidencial?
-Estábamos dando apoyo al Hospital General y teníamos una petición de evacuar heridos. Cada vez que tenemos que hacerlo sacamos los helicópteros.
-¿No intentaban lanzar ningún mensaje?
-(Risas) No, no había ningún mensaje oculto. Esto es totalmente transparente. Estamos aquí para ayudar al pueblo de Haití.
Quienes confíen en sus palabras dejarán de subirse a los cayucos para enfrentarse al mar, en cargueros oxidados que a menudo se hunden camino de Florida o Jamaica. La fase de emergencia ha terminado, el objetivo de la comunidad internacional ahora es alimentar diariamente a un millón de personas mientras les consigue trabajo en la reconstrucción del país más pobre del hemisferio, el suyo.
«Este es claramente un momento histórico en la trayectoria de Haití», sentencia el general estadounidense. «El futuro de su país aún está por pavimentar, pero es un momento de oportunidades. La comunidad internacional ha reaccionado con rapidez y de forma decisiva. Y esto es sólo el principio».

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